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Científicos descubren que podría existir vida en lunas ocultas que vagan en el espacio profundo

La posibilidad de encontrar vida fuera de la Tierra podría extenderse mucho más allá de los planetas cercanos a estrellas. Un nuevo estudio científico plantea que algunas lunas que orbitan planetas errantes —mundos que viajan solos por la galaxia sin un sol— podrían conservar océanos de agua líquida durante miles de millones de años.
La investigación fue realizada por especialistas del Clúster de Excelencia ORIGINS de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (LMU) y del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE), quienes analizaron cómo ciertas condiciones extremas podrían mantener ambientes potencialmente habitables incluso en la oscuridad del espacio interestelar.
Los científicos descubrieron que las lunas que acompañan a estos llamados “planetas errantes” podrían permanecer cálidas gracias a una combinación de calentamiento gravitacional y atmósferas densas ricas en hidrógeno.
Según el estudio, estas condiciones podrían mantener agua líquida durante hasta 4 mil 300 millones de años, un periodo suficiente para que procesos biológicos complejos pudieran surgir y evolucionar.
Los planetas errantes son cuerpos expulsados de sus sistemas solares durante las primeras etapas de formación planetaria. A diferencia de la Tierra, no orbitan alrededor de ninguna estrella y vagan libremente por la galaxia.
Sin embargo, investigaciones previas encabezadas por la doctora Giulia Roccetti, física de la LMU, ya habían demostrado que algunos de estos planetas gigantes podrían conservar lunas tras ser expulsados al espacio profundo.
En el nuevo análisis, los investigadores observaron que esas lunas suelen quedar atrapadas en órbitas muy alargadas alrededor de sus planetas. Este movimiento provoca intensas fuerzas gravitacionales que deforman constantemente el interior de la luna, generando calor mediante fricción interna.
El fenómeno, conocido como calentamiento mareal, es similar al que ocurre en algunas lunas de Júpiter y Saturno dentro de nuestro Sistema Solar.
Ese calor interno podría impedir que enormes océanos subterráneos se congelen por completo, incluso sin recibir energía de una estrella.
Además, los investigadores encontraron que las atmósferas ricas en hidrógeno podrían funcionar como una poderosa capa aislante.
Bajo presiones extremas, las moléculas de hidrógeno pueden atrapar radiación térmica mediante un proceso llamado absorción inducida por colisión, ayudando a conservar el calor en la superficie durante miles de millones de años.
David Dahlbüdding, investigador doctoral de la LMU y autor principal del estudio, explicó que los hallazgos podrían cambiar la manera en que la ciencia entiende el origen y la distribución de la vida en el universo.
“Nuestros resultados muestran que la cuna de la vida no necesariamente requiere un sol”, señaló el investigador.
Los especialistas también sugieren que las fuerzas gravitacionales podrían generar ciclos repetitivos de humedad y evaporación, procesos químicos considerados importantes para la formación de moléculas complejas asociadas al origen de la vida.
Astrónomos estiman que la Vía Láctea podría contener miles de millones de planetas errantes, posiblemente en cantidades similares al número total de estrellas de la galaxia.
Si muchos de ellos poseen lunas, la cantidad de mundos potencialmente habitables podría ser mucho mayor de lo que se pensaba hasta ahora.
El estudio refuerza la idea de que la vida podría existir en lugares extremadamente distintos a la Tierra y que algunos de los ambientes más prometedores podrían encontrarse ocultos en las regiones más oscuras del universo.
Fuentes y créditos de la investigación:
• Ludwig-Maximilians-Universität München (LMU)
• Clúster de Excelencia ORIGINS
• Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE)
• Universidad Ludwig Maximilian de Múnich
• Investigadores principales: David Dahlbüdding y Dra. Giulia Roccetti