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Carstens propone una “integración inteligente” para fortalecer a Norteamérica en la revisión del T-MEC

El economista mexicano Agustín Carstens planteó que México, Estados Unidos y Canadá aprovechen la revisión del T-MEC para corregir las debilidades acumuladas en las últimas décadas, sin destruir la integración económica que convirtió a Norteamérica en una de las regiones productivas más importantes del mundo.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) representa una oportunidad para replantear la forma en que Norteamérica compite en la economía global. Esa fue la idea central planteada por el economista Agustín Carstens, quien llamó a los tres países a construir una “integración inteligente” que combine comercio, seguridad económica, producción regional y una estrategia de largo plazo.
Durante su participación en el NADBank Summit 2026, realizado el 27 y 28 de agosto en San Antonio, Texas, Carstens sostuvo que la región debe recuperar la capacidad de trabajar de manera coordinada sin volver simplemente al modelo de globalización que predominó durante las últimas décadas. El encuentro del Banco de Desarrollo de América del Norte estuvo dedicado precisamente a fortalecer la cooperación y la infraestructura regional.
“Tenemos que reintroducir una integración inteligente, un desarrollo regional inteligente, unir fuerzas y avanzar, y estar mejor preparados respecto a nuestra competitividad como región frente al resto del mundo”, planteó Carstens durante el foro.
No volver atrás, sino corregir
Para el exgobernador del Banco de México, el problema no consiste en desechar la integración económica de Norteamérica, sino en reconocer que el entorno mundial cambió.
Carstens señaló que el modelo basado en cadenas globales de suministro altamente eficientes y sistemas de producción “just in time” mostró sus límites ante la pandemia, las tensiones geopolíticas y la creciente fragmentación comercial. Sin embargo, advirtió que responder a esos riesgos mediante una ruptura indiscriminada del comercio también tendría costos.
De acuerdo con la información publicada sobre su intervención, el economista consideró que las economías de México, Estados Unidos y Canadá deben corregir lo que no funcionó en las últimas décadas, pero sin sacrificar los beneficios de una región integrada.
La idea, en otras palabras, es fortalecer las cadenas productivas de Norteamérica sin convertir a la región en una economía cerrada.
La revisión del T-MEC ya está en marcha
El planteamiento de Carstens llega en un momento clave. La revisión del T-MEC no es solamente un debate teórico: los gobiernos de México y Estados Unidos ya habían iniciado rondas técnicas y negociaciones para discutir sectores considerados estratégicos.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos informó en marzo que ambos países comenzarían discusiones sobre cómo incrementar la producción y el empleo manufacturero en Norteamérica, al mismo tiempo que buscan limitar insumos provenientes de economías consideradas “no de mercado” dentro de las cadenas regionales.
En las rondas posteriores, las conversaciones incluyeron temas como acero, aluminio, industria automotriz, seguridad económica, agricultura, reglas de origen y servicios de pago electrónico, de acuerdo con comunicados oficiales de la USTR.
Es justamente en ese contexto donde la propuesta de Carstens adquiere mayor relevancia: la discusión sobre el futuro del T-MEC ya está vinculada a la forma en que Norteamérica quiere competir frente a otras potencias económicas.
China, el desafío de largo plazo
Para Carstens, una de las principales razones para pensar en una integración más estratégica es el avance económico, productivo y tecnológico de China.
El economista sostuvo que Norteamérica necesita desarrollar una visión de largo plazo, especialmente porque China ha demostrado capacidad para planear su desarrollo con horizontes amplios, identificar sectores estratégicos y anticiparse a posibles cuellos de botella.
Pero el exsecretario de Hacienda también hizo una advertencia: competir con China no significa cortar completamente las relaciones comerciales.
Según su planteamiento, sería demasiado costoso para México, Estados Unidos y Canadá prohibir toda interacción económica con la segunda mayor economía del mundo. La región, dijo, debe distinguir entre sectores donde existe una preocupación legítima por la seguridad económica y aquellos en los que la relación comercial continúa generando beneficios.
El reto: competir como región
La propuesta de una “integración inteligente” apunta a que los tres países dejen de analizar su competitividad únicamente desde una perspectiva nacional.
México ofrece una amplia capacidad manufacturera y una posición geográfica estratégica; Estados Unidos cuenta con uno de los mercados más grandes del mundo y un enorme peso tecnológico y financiero; mientras que Canadá posee recursos naturales y sectores industriales fundamentales para la economía norteamericana.
La pregunta, según la visión planteada por Carstens, es si esas fortalezas pueden complementarse mediante una estrategia regional de largo plazo.
El propio NADBank había anticipado que el Summit 2026 abordaría la competitividad de Norteamérica junto con temas como infraestructura, inversión, movilidad transfronteriza y desarrollo regional.
Una oportunidad para redefinir la relación regional
Más allá de los desacuerdos que rodean la revisión del T-MEC, el mensaje de Carstens plantea una cuestión de fondo: Norteamérica puede buscar proteger sectores estratégicos sin destruir la integración que le permite competir como bloque.
La revisión del tratado será, por ello, algo más que una discusión sobre aranceles. También pondrá sobre la mesa qué tipo de región quieren construir México, Estados Unidos y Canadá en una economía mundial cada vez más marcada por la competencia tecnológica, las tensiones geopolíticas y la reorganización de las cadenas de suministro.
Para Carstens, la respuesta no debería ser elegir entre una globalización sin límites o un proteccionismo total.
Su propuesta es una tercera vía: integrarse mejor, producir estratégicamente y pensar como región antes de que la competencia global obligue a hacerlo.