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Alergias alimentarias en la escuela: cómo ayudar a los niños a comer de forma segura

Para un niño con alergias alimentarias, la hora del recreo puede convertirse en un momento de preocupación. La comunicación entre padres, escuela y personal de salud puede marcar una diferencia importante para prevenir riesgos y permitir que los menores disfruten su jornada escolar con mayor seguridad.
Cuando un niño tiene alergias alimentarias, preparar su comida en casa es solo una parte del cuidado. El reto continúa en la escuela, donde comparte alimentos, espacios y utensilios con otros estudiantes y donde puede no conocer todos los ingredientes de lo que se sirve.
La dietista registrada Jill Weisenberger, MS, RDN, CDE, FAND, explica que la preparación y la comunicación son fundamentales para reducir riesgos. En el artículo “Opciones de alimentación escolar para niños con alergias alimentarias”, publicado por EatRight.org y revisado el 21 de agosto de 2025, la especialista recomienda que las familias trabajen directamente con el personal escolar.
Hablar con la escuela antes de que ocurra una emergencia
De acuerdo con Jill Weisenberger, uno de los primeros pasos es reunirse con las personas responsables de la alimentación en la escuela y asegurarse de que conozcan al menor y sepan qué alimentos o ingredientes pueden representar un peligro.
También puede ser útil identificar a una persona de confianza dentro del plantel a la que el niño pueda acudir cuando tenga dudas sobre un alimento.
La autora recomienda que los padres proporcionen a la escuela la información médica necesaria y expliquen claramente qué alimentos provocan la reacción alérgica y cómo puede manifestarse. La preparación, advierte el artículo publicado por EatRight.org, también debe incluir un plan de acción para responder ante una emergencia.
Revisar el menú con anticipación
Para muchas familias, conocer con tiempo lo que se servirá en la escuela puede evitar situaciones de riesgo.
Weisenberger aconseja solicitar el menú mensual y revisarlo junto con el niño. También recomienda pedir, cuando sea necesario, información sobre los ingredientes y las recetas de los alimentos preparados.
Esto permite identificar con anticipación las opciones que pueden ser consumidas de forma segura y evita que el menor tenga que tomar una decisión bajo presión durante la hora de la comida.
El problema de los ingredientes “ocultos”
Uno de los riesgos de las alergias alimentarias es que ciertos ingredientes pueden estar presentes en productos donde no resultan evidentes.
El artículo pone como ejemplo el cacahuate o maní. Aunque es fácil identificarlo en algunos alimentos, como una crema de cacahuate, también puede encontrarse en salsas, aderezos, ensaladas o preparaciones de distintas cocinas.
La autora señala que muchas escuelas han reducido o eliminado este ingrediente de sus menús, pero recomienda no darlo por hecho y preguntar directamente al personal escolar. Como alternativa, menciona productos elaborados con semillas de girasol, aunque cualquier sustituto debe revisarse de acuerdo con las necesidades particulares del niño.
En el caso del gluten, también importa evitar la contaminación cruzada
Para los estudiantes con enfermedad celíaca u otras condiciones que requieren evitar el gluten, el cuidado no termina con identificar alimentos como el pan, la pasta, la pizza o los productos empanizados.
Jill Weisenberger recuerda que también existe la posibilidad del contacto cruzado durante la preparación y el servicio de los alimentos. Los utensilios o superficies utilizados con productos que contienen gluten pueden representar un problema si no existe un manejo adecuado.
Por eso, revisar las etiquetas y conocer la forma en que se preparan los alimentos puede ser tan importante como saber qué se está sirviendo.
El objetivo también es que el niño se sienta incluido
Uno de los mensajes más importantes del artículo es que el cuidado no debe basarse únicamente en una larga lista de alimentos prohibidos.
Los niños necesitan aprender a identificar los productos que pueden consumir con seguridad, hacer preguntas cuando tengan dudas y sentirse capaces de participar en las actividades escolares sin vivir permanentemente con miedo.
La colaboración entre la familia, el personal escolar y los profesionales de la salud puede ayudar a crear un entorno más seguro.
“Ayude a su hijo a sentirse cómodo centrándose en qué alimentos puede comer sin peligro y no solo en los que debe evitar”, recomienda Weisenberger.