El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) está generando un impacto ambiental mayor al que se estimaba hasta ahora. Un nuevo informe elaborado por Allianz Trade advierte que la expansión mundial de los centros de datos —infraestructura indispensable para entrenar y operar modelos de IA— está incrementando significativamente las emisiones de dióxido de carbono (CO₂), el consumo de electricidad y la demanda de agua, planteando nuevos desafíos para la sostenibilidad.
La información fue dada a conocer en un reportaje elaborado por DW (Deutsche Welle), firmado por lgc, con información de las agencias AFP y Allianz Trade, en el que se analiza el impacto ambiental del crecimiento de la infraestructura digital impulsada por la inteligencia artificial.
Emisiones superiores a las estimaciones internacionales
Según el estudio, los centros de datos emitieron 286 millones de toneladas de dióxido de carbono durante 2025, una cifra 57% superior a las estimaciones realizadas por la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y 51% mayor que los cálculos del Instituto de Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH).
El incremento responde al crecimiento acelerado de plataformas de inteligencia artificial generativa, servicios en la nube y procesamiento masivo de datos, que requieren miles de servidores funcionando de manera permanente.
Patrick Hoffmann, economista senior especializado en cambio climático de Allianz Trade, señaló que los centros de datos dejaron de ser consumidores marginales de energía para convertirse en uno de los principales motores del incremento en la demanda eléctrica mundial.
La inteligencia artificial demandará cada vez más energía
Actualmente, la inteligencia artificial representa entre 15 y 20% del consumo eléctrico de los centros de datos, pero el informe proyecta que esta participación podría elevarse hasta 40% para 2030, conforme aumente el uso de asistentes virtuales, modelos de lenguaje, automatización industrial y herramientas de análisis basadas en IA.
La Agencia Internacional de la Energía también ha advertido que los centros de datos figuran entre los sectores con mayor crecimiento en consumo eléctrico durante la próxima década. En su informe Electricity 2026, el organismo prevé que la expansión de la inteligencia artificial incrementará considerablemente la demanda energética en América del Norte, Europa y Asia.
El reto no solo es el carbono: también el agua
Además del consumo eléctrico, el estudio destaca otro problema poco visible: el uso intensivo de agua.
Los centros de datos requieren grandes volúmenes para enfriar miles de procesadores que operan de manera continua y evitar el sobrecalentamiento de los equipos.
Allianz Trade estima que hacia 2030 estas instalaciones podrían consumir entre 1.3 y 1.8 billones de litros de agua al año, un volumen similar al consumo anual de un país como Suiza.
Esta situación genera especial preocupación en regiones que ya enfrentan problemas de disponibilidad hídrica, como México, India, Corea del Sur y diversas zonas de China, donde se concentran nuevos proyectos para instalar infraestructura destinada a la inteligencia artificial.
México, entre los países con mayores desafíos
El informe identifica a México como uno de los países donde las pérdidas en transmisión y distribución eléctrica podrían incrementar entre 10 y 15% la energía necesaria para abastecer los centros de datos.
Especialistas señalan que mejorar la eficiencia de las redes eléctricas y acelerar la incorporación de energías renovables será fundamental para reducir el impacto ambiental del crecimiento de la infraestructura digital.
En contraste, países como Singapur y Corea del Sur presentan pérdidas inferiores al 3%, lo que permite un uso mucho más eficiente de la electricidad.
La industria busca reducir su impacto
Ante estas proyecciones, las principales empresas tecnológicas han comenzado a invertir en soluciones para disminuir la huella ambiental de sus centros de datos.
Compañías como Google, Microsoft, Amazon Web Services (AWS) y Meta han anunciado proyectos para operar con electricidad proveniente de fuentes renovables, desarrollar sistemas de enfriamiento con menor consumo de agua y diseñar procesadores más eficientes energéticamente.
No obstante, especialistas advierten que el ritmo de crecimiento de la inteligencia artificial podría superar la velocidad con la que estas medidas logren reducir las emisiones.
El desafío de equilibrar innovación y sostenibilidad
La inteligencia artificial promete transformar sectores como la medicina, la educación, la industria y la investigación científica, pero también plantea nuevos retos ambientales.
Los autores del informe consideran que el desarrollo tecnológico deberá ir acompañado de políticas públicas, inversiones en infraestructura eléctrica limpia y estrategias de eficiencia energética que permitan aprovechar el potencial de la IA sin comprometer los objetivos globales de reducción de emisiones y protección de los recursos naturales.


