Durante décadas, las yemas de huevo estuvieron en la lista de alimentos que debían consumirse con moderación debido a su contenido de colesterol. Sin embargo, la evidencia científica más reciente ha cambiado la percepción sobre este alimento y apunta a que el verdadero riesgo para la salud cardiovascular no está en los huevos, sino en el exceso de grasas saturadas presentes en otros productos de la dieta.
Un análisis publicado en 2026 por la periodista especializada en salud Stacey Colino para National Geographic expone cómo las investigaciones de los últimos años han llevado a los expertos a reconsiderar el papel del colesterol alimentario en las enfermedades cardíacas. De hecho, las recomendaciones que durante décadas limitaron el consumo de colesterol fueron eliminadas de las guías alimentarias al no encontrarse una relación directa y consistente entre el colesterol de los alimentos y los niveles de colesterol en sangre.
La explicación radica en que gran parte del colesterol que circula en el organismo es producido por el hígado. Factores genéticos influyen en la cantidad que se genera y elimina, mientras que el principal elemento dietético que contribuye al aumento del colesterol LDL —conocido como “colesterol malo”— son las grasas saturadas presentes en alimentos como mantequilla, quesos enteros, carnes procesadas y algunos aceites tropicales.
Más que proteína: un alimento con gran valor nutricional
Además de ser una fuente accesible de proteína de alta calidad, los huevos aportan nutrientes esenciales que no son tan fáciles de obtener en otros alimentos. Entre ellos destacan la vitamina D, la colina —fundamental para la función cerebral—, así como vitaminas A, E y K, selenio, fósforo y antioxidantes como la luteína y la zeaxantina, asociados con la salud visual.
Especialistas en nutrición señalan que descartar la yema implica perder buena parte de estos beneficios, ya que la mayoría de los micronutrientes del huevo se concentran precisamente en esa parte.
¿Cuántos huevos pueden consumirse?
La evidencia actual sugiere que para la mayoría de los adultos sanos el consumo de uno o dos huevos al día puede formar parte de una dieta equilibrada. Incluso, estudios recientes han encontrado que ingerir dos huevos diarios dentro de una alimentación baja en grasas saturadas no incrementa el colesterol LDL e incluso puede contribuir a reducirlo.
No obstante, las recomendaciones pueden variar según el estado de salud de cada persona. Quienes presentan colesterol elevado, enfermedades cardiovasculares o antecedentes familiares de trastornos lipídicos deben consultar con un profesional de la salud para determinar una cantidad adecuada.
La clave está en el acompañamiento
Los expertos coinciden en que el impacto de los huevos depende en gran medida de cómo se preparan y con qué alimentos se consumen. Cocinarlos con aceite de oliva y acompañarlos con verduras, frutas, legumbres o pan integral representa una opción mucho más saludable que combinarlos con tocino, embutidos o grandes cantidades de mantequilla.
Asimismo, una dieta rica en fibra ayuda a controlar los niveles de colesterol al favorecer su eliminación del organismo, por lo que integrar frutas, verduras y cereales integrales sigue siendo una recomendación fundamental para la salud cardiovascular.
Un alimento reivindicado
Lejos de la mala reputación que tuvieron durante décadas, los huevos vuelven a ser considerados por muchos especialistas como uno de los alimentos más completos y nutritivos. Su combinación de proteínas, vitaminas y minerales, junto con su bajo costo y versatilidad culinaria, los convierte en una opción valiosa dentro de una alimentación equilibrada.
Aunque la moderación sigue siendo importante, la ciencia actual indica que el enemigo no son las yemas de huevo, sino el exceso de grasas saturadas y los patrones alimentarios poco saludables que suelen acompañarlas.


