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Alimentos vuelven a encarecerse en el mundo: clima y guerras presionan al azúcar, trigo y maíz

El costo internacional de los alimentos volvió a subir con fuerza en agosto. Azúcar, cereales, aceites, carne y lácteos registraron aumentos al mismo tiempo, una combinación poco favorable para los consumidores y que vuelve a colocar sobre la mesa el riesgo de nuevas presiones inflacionarias.
Los precios mundiales de los alimentos alcanzaron en agosto su nivel más alto desde finales de 2022, en medio de una combinación de temperaturas extremas, conflictos geopolíticos y problemas en algunas de las principales rutas comerciales del planeta.
El Índice de Precios de los Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se ubicó en 133.3 puntos durante agosto, un incremento de 1.9% frente a julio y de 2.5% respecto al mismo mes de 2025.
La FAO informó el 4 de septiembre que el aumento no estuvo concentrado en un solo producto: las cinco categorías que integran su indicador —cereales, aceites vegetales, lácteos, carne y azúcar— registraron incrementos durante el mes.
El azúcar encabezó las alzas
El golpe más fuerte llegó por el lado del azúcar.
De acuerdo con la FAO, su índice internacional aumentó 11.9% solamente durante agosto, alcanzando su nivel más alto desde junio de 2025.
Detrás del encarecimiento existe una combinación de problemas. La organización señala condiciones meteorológicas adversas que afectaron las perspectivas de producción en importantes regiones productoras. Reuters reportó que entre los factores se encuentran problemas climáticos en Brasil, Europa y Asia.
El dato resulta particularmente relevante porque el azúcar no solamente llega a los hogares en bolsas para consumo directo. También es un insumo para bebidas, panificación, confitería y una extensa cadena de alimentos procesados, por lo que un incremento prolongado de sus cotizaciones puede trasladarse gradualmente a otros productos.
El trigo siente nuevamente los efectos de la guerra
Los cereales también encendieron las alertas.
Los precios internacionales del trigo aumentaron alrededor de 15% respecto a agosto del año pasado, en un mercado nuevamente afectado por dificultades para movilizar mercancías procedentes de la región del mar Negro.
La FAO atribuyó parte de la presión a las persistentes perturbaciones en los flujos de exportación vinculadas con la guerra entre Rusia y Ucrania, además de condiciones climáticas adversas en diferentes regiones productoras.
La importancia del mar Negro va mucho más allá de los países directamente involucrados en el conflicto. Rusia y Ucrania son actores importantes en el comercio mundial de cereales, de modo que cualquier problema en puertos, rutas marítimas o logística puede modificar las expectativas de oferta y, con ellas, los precios internacionales.
Maíz también sube
El maíz tampoco escapó de la presión. Su cotización internacional aumentó alrededor de 2.5% durante agosto.
Entre los factores identificados por la FAO se encuentran las perspectivas de menores rendimientos en algunas zonas productoras de Estados Unidos y Europa.
A esto se agrega un elemento que conecta directamente la crisis energética con la comida: los fertilizantes.
El conflicto en Medio Oriente y las alteraciones en el tránsito por el estrecho de Ormuz han afectado mercados energéticos y de fertilizantes. Reuters documentó previamente cómo la guerra con Irán y los problemas en esa ruta comercial elevaron los costos de insumos agrícolas y aumentaron la demanda de cultivos utilizados para producir biocombustibles.
Cuando suben el gas, los fertilizantes o el transporte marítimo, el problema puede terminar llegando al campo y, eventualmente, al precio de los alimentos.
Aceites, carne y lácteos tampoco se salvaron
La fotografía de agosto fue particularmente significativa porque prácticamente todo el tablero de alimentos se movió hacia arriba.
Los aceites vegetales acumularon su tercer mes consecutivo de aumentos, apoyados, entre otros factores, por una demanda firme de aceites de palma y soya.
Los productos lácteos, por su parte, aumentaron por primera vez en cuatro meses ante una mayor demanda internacional y restricciones en la disponibilidad de leche, particularmente en Europa.
También subieron las carnes, principalmente las cotizaciones internacionales de pollo y cerdo. La carne de res fue una de las excepciones, al registrar una reducción favorecida por una mayor competencia entre exportadores.
La FAO recorta su previsión para la cosecha mundial
Hay otro dato que merece atención.
Junto con el reporte de precios, la FAO redujo su pronóstico para la producción mundial de cereales de 2026 en 3.4 millones de toneladas.
La nueva estimación apunta a una producción aproximada de 2 mil 980 millones de toneladas, alrededor de 2% menos que el récord registrado en 2025. De concretarse, sería la mayor disminución anual de la producción mundial de cereales desde 2018.
La organización también redujo ligeramente sus previsiones sobre las existencias mundiales para la temporada 2026-2027, principalmente por menores inventarios esperados de cereales secundarios.
Sin embargo, esto no significa que el mundo esté ante una escasez generalizada. Los inventarios agrícolas acumulados y la diversificación de grandes productores han dado al sistema alimentario internacional una capacidad de resistencia mayor que en crisis anteriores, de acuerdo con un análisis de Reuters publicado en agosto.
Los precios son altos, pero todavía están lejos del récord de 2022
El aumento también necesita ponerse en perspectiva.
Aunque los 133.3 puntos alcanzados en agosto representan el nivel más alto desde finales de 2022, el índice de la FAO todavía se encuentra cerca de 17% por debajo del máximo histórico registrado en marzo de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania provocó una fuerte sacudida en los mercados mundiales de granos, aceites y fertilizantes.
Es decir, el mundo todavía no ha regresado a los precios extremos de aquella crisis, pero la tendencia de agosto muestra que varios riesgos están apareciendo simultáneamente.
¿Significa que inmediatamente subirán los precios en México?
No necesariamente.
El Índice de la FAO mide precios internacionales de materias primas alimentarias, no lo que una familia paga directamente en el supermercado, la carnicería o el mercado.
Entre una cotización internacional y el precio que termina pagando un consumidor mexicano intervienen el tipo de cambio, costos de transporte, inventarios, producción nacional, importaciones, márgenes comerciales y condiciones locales de oferta y demanda.
Por ello, un aumento de 11.9% en el índice internacional del azúcar no significa que el azúcar en México vaya a subir automáticamente 11.9%.
Sin embargo, cuando los aumentos internacionales son persistentes y alcanzan simultáneamente productos básicos como azúcar, trigo, maíz y aceites, crece el riesgo de que parte de esa presión termine filtrándose a los precios nacionales.
Clima, guerra y energía: una combinación peligrosa
El reporte de agosto deja una señal que va más allá de un mes de precios altos.
La FAO identifica detrás de las recientes presiones condiciones meteorológicas adversas, el conflicto en Medio Oriente y dificultades logísticas en el comercio del mar Negro.
A ello se suma que la energía y los alimentos están cada vez más relacionados: petróleo y gas afectan fertilizantes y transporte, mientras cultivos como maíz, soya y aceites vegetales compiten también como materias primas para la producción de biocombustibles.
Por ahora existe suficiente oferta global para evitar hablar de una crisis alimentaria semejante a la de 2022. Pero agosto dejó una advertencia: cuando el mal clima afecta las cosechas al mismo tiempo que las guerras alteran rutas comerciales y encarecen la energía, el impacto puede terminar recorriendo miles de kilómetros hasta llegar al bolsillo de las familias.
Fuentes consultadas: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y Reuters. El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO mide mensualmente los cambios en las cotizaciones internacionales de una canasta de productos alimentarios.