La transición hacia fuentes de energía más limpias no solo representa una oportunidad para combatir el cambio climático, también podría convertirse en un factor clave para fortalecer la economía mexicana. Esa es una de las principales conclusiones del más reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), organismo que sostiene que modernizar la matriz energética del país tendría efectos positivos sobre la producción, el empleo y el crecimiento económico.
De acuerdo con el documento Transición energética y crecimiento económico en México: una mirada hacia un desarrollo sostenible y sostenido, publicado por la Cepal, incorporar tecnologías de generación eléctrica más eficientes y con menores emisiones no solo ayuda a reducir el impacto ambiental, sino que también fortalece las cadenas productivas nacionales, genera mayor actividad económica y aumenta el valor agregado del sector eléctrico.
El análisis señala que el efecto económico de la generación de electricidad depende de la tecnología utilizada. Según las estimaciones econométricas del organismo, un incremento de un punto porcentual en la generación termoeléctrica podría reflejarse en un crecimiento de 0.4 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB). En el caso de la energía hidroeléctrica, el impacto sería de 0.2 puntos porcentuales, mientras que la generación nuclear aportaría 0.1 puntos y la carboeléctrica 0.03 puntos porcentuales.
Sin embargo, el estudio advierte que el camino hacia una matriz energética más limpia aún será gradual. Con base en proyecciones de la Secretaría de Energía (Sener), la Cepal estima que durante los próximos años alrededor del 75% de la electricidad en México seguirá produciéndose mediante combustibles fósiles, debido a la infraestructura existente y a la demanda energética del país.
A pesar de ello, México cuenta con ventajas naturales difíciles de ignorar. Su ubicación geográfica le brinda un amplio potencial para desarrollar proyectos de energía solar, eólica y geotérmica, recursos que podrían diversificar la producción eléctrica y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. No obstante, la Cepal considera que ese potencial aún no se aprovecha plenamente por diversos factores, entre ellos la incertidumbre regulatoria, las limitaciones de financiamiento, la necesidad de modernizar la infraestructura eléctrica y los retos tecnológicos para integrar nuevas fuentes de generación.
Más allá de la generación de electricidad, el organismo de Naciones Unidas sostiene que la transición energética debe verse como una política de desarrollo económico. Una mayor inversión en energías limpias puede impulsar industrias relacionadas con la manufactura, la construcción, los servicios especializados y la innovación tecnológica, además de generar nuevos empleos y fortalecer la competitividad del país en un contexto internacional donde la descarbonización cobra cada vez mayor relevancia.
El estudio también plantea que una planeación energética de largo plazo será fundamental para que México aproveche esta oportunidad. Para lograrlo, será necesario combinar inversión pública y privada, reglas claras para el desarrollo de proyectos, innovación tecnológica y políticas públicas que permitan acelerar la incorporación de energías renovables sin comprometer la seguridad del suministro eléctrico.
En un escenario donde la demanda mundial de energía continúa creciendo y los países buscan reducir sus emisiones contaminantes, la Cepal concluye que la transición energética representa mucho más que un compromiso ambiental: puede convertirse en una estrategia para impulsar el crecimiento económico, atraer inversiones y construir un sistema eléctrico más competitivo y resiliente para México.


