Los nuevos aviones no tripulados están diseñados para volar junto a cazas tripulados y ampliar su alcance y capacidad de respuesta.
La Fuerza Aérea de Estados Unidos dio este lunes un nuevo paso en su apuesta por la aviación de combate no tripulada al presentar oficialmente los nombres de sus dos primeros aviones de Combate Colaborativo (CCA, por sus siglas en inglés): el FQ-42 Vengeance y el FQ-44 Fury.
El anuncio fue realizado por el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, durante la conferencia Air, Space & Cyber de la Air & Space Forces Association. De acuerdo con la propia Fuerza Aérea estadounidense, el servicio pretende adquirir alrededor de mil sistemas CCA listos para combate y alcanzar una flota de 500 unidades para 2032.
Aunque suelen describirse como “aviones de combate sin piloto”, la expresión puede llevar a una idea equivocada. Los CCA no están concebidos simplemente para sustituir a un piloto, sino para trabajar junto con aeronaves tripuladas. La Fuerza Aérea los plantea como parte de un equipo entre humanos y máquinas, capaz de ampliar el alcance, la información disponible y la supervivencia de los aviones tripulados en zonas de alto riesgo.
El FQ-42 corresponde al modelo desarrollado por General Atomics, mientras que el FQ-44 es el avión desarrollado por Anduril. En marzo de 2025 ambos habían sido identificados todavía como prototipos YFQ-42A y YFQ-44A; la letra “Y” corresponde a su condición de prototipo y desaparecerá cuando entren en producción.
La tecnología que está detrás de estos aparatos es una combinación de autonomía, inteligencia artificial, sensores y enlaces de datos. El objetivo es que puedan recibir instrucciones, desplazarse, compartir información con otras aeronaves y ejecutar determinadas tareas dentro de parámetros definidos por operadores humanos. No se trata, al menos bajo las reglas anunciadas por la Fuerza Aérea, de dejar que una máquina decida por sí sola cuándo utilizar un arma.
Ese punto es especialmente importante. En julio de 2026, la Fuerza Aérea informó que un YFQ-44A realizó una prueba de fuego real con un misil AIM-120 contra un objetivo digital. La institución subrayó que la liberación de armas permanece bajo control humano y que el CCA no empleará armas de manera autónoma.
El programa ya pasó de las presentaciones conceptuales a las pruebas operativas. En julio, la Fuerza Aérea realizó ejercicios con los CCA en la base Creech, Nevada, donde se evaluaron aspectos como operaciones desde ubicaciones distintas, mantenimiento, reabastecimiento, despliegue y coordinación con aeronaves tripuladas.
La idea de fondo es relativamente sencilla: en una guerra aérea moderna, enviar solamente un caza tripulado puede resultar demasiado costoso y arriesgado. Un avión no tripulado podría acompañarlo, ampliar su radio de acción, ayudar a detectar amenazas o asumir algunas tareas peligrosas. De esta manera, un piloto podría contar con más “compañeros” en el aire sin poner más vidas directamente en la zona de mayor riesgo.
La Fuerza Aérea también está intentando que el sistema sea flexible. En febrero explicó que desarrolla una arquitectura abierta de autonomía que permitiría utilizar software de distintos proveedores en diferentes plataformas. Esto busca evitar depender de un solo fabricante y facilitar que nuevas tecnologías puedan incorporarse con mayor rapidez.
El programa incluso comienza a involucrar a aliados. Estados Unidos y Países Bajos formalizaron en abril una cooperación para desarrollar capacidades CCA basadas en arquitectura abierta, con la intención de mejorar la interoperabilidad de ambos países.
Más que un nuevo modelo de avión, lo que está tomando forma es una nueva manera de organizar el combate aéreo. El FQ-42 Vengeance y el FQ-44 Fury representan el intento de Estados Unidos por combinar pilotos, aeronaves no tripuladas, inteligencia artificial y sistemas de información en una misma fuerza. El reto será demostrar que esa combinación puede funcionar de forma segura, confiable y efectiva cuando las condiciones sean mucho más complejas que las de un campo de pruebas.
Por ahora, los nombres ya son oficiales y las pruebas continúan. Lo que todavía está por verse es hasta dónde llegará la autonomía de estos aviones y qué papel terminarán desempeñando cuando pasen de los ejercicios y evaluaciones al servicio operativo.


