Los medicamentos para el tratamiento de la obesidad, como los conocidos GLP-1 y GIP, han cambiado la conversación sobre la pérdida de peso. Sin embargo, su uso no elimina la importancia de la alimentación, la actividad física y el seguimiento profesional.
En los últimos años, medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida se han vuelto cada vez más conocidos. Para muchas personas representan una nueva posibilidad en el tratamiento de la obesidad y otras enfermedades metabólicas.
Pero la pérdida de peso con estos medicamentos no consiste simplemente en recibir una inyección y esperar resultados.
Náuseas, cambios en el apetito, pérdida de masa muscular y dificultades para mantener una alimentación adecuada son algunos de los retos que pueden aparecer durante el tratamiento. Por eso, especialistas insisten en que estos fármacos deben formar parte de un plan médico y nutricional integral.
Así lo explica la dietista Beth A. Czerwony, MS, RD, CSOWM, LD, en el artículo “Cómo afrontar la pérdida de peso con medicamentos para la obesidad”, publicado el 19 de marzo de 2026 por EatRight.org, sitio de la Academy of Nutrition and Dietetics.
¿Quiénes pueden utilizar estos medicamentos?
Los medicamentos para el tratamiento de la obesidad no están indicados automáticamente para todas las personas que desean bajar de peso.
De acuerdo con Beth A. Czerwony, pueden considerarse en personas con un índice de masa corporal de 27 o superior que además presenten alguna condición asociada, como:
• Diabetes tipo 2.
• Prediabetes.
• Hipertensión.
• Colesterol elevado.
• Apnea obstructiva del sueño.
• Enfermedad cardiovascular.
También pueden ser candidatos quienes tengan un IMC de 30 o más, incluso sin alguna de estas enfermedades asociadas.
La edad también puede ser un factor. Según explica Czerwony, algunos medicamentos tienen autorizaciones para adolescentes, mientras otros están indicados únicamente para adultos.
La valoración, sin embargo, debe realizarse de manera individual. Estos tratamientos requieren una evaluación médica que considere el estado general de salud, los antecedentes clínicos y los posibles riesgos.
Los efectos secundarios pueden cambiar la forma de comer
Uno de los aspectos más importantes del tratamiento es que estos medicamentos pueden modificar el apetito y la forma en que el sistema digestivo procesa los alimentos.
El artículo de EatRight.org señala que entre los efectos secundarios que pueden presentarse se encuentran:
• Estreñimiento.
• Náuseas.
• Acidez o reflujo.
• Diarrea.
• Hipoglucemia, especialmente cuando se utilizan otros medicamentos para reducir la glucosa.
• Pérdida de masa muscular.
• Riesgo de osteopenia u osteoporosis.
Estos efectos pueden aparecer con mayor frecuencia al iniciar el tratamiento o cuando se incrementa la dosis.
Para algunas personas, las molestias pueden llegar a ser tan importantes que deciden abandonar el medicamento. Por eso, Beth A. Czerwony destaca la importancia del acompañamiento de un dietista-nutricionista, quien puede ayudar a adaptar la alimentación y prevenir deficiencias nutricionales.
La proteína se vuelve una prioridad
Una de las principales recomendaciones para quienes utilizan estos medicamentos es cuidar especialmente la alimentación.
Algunos pacientes pueden sentir menos hambre y, como consecuencia, consumir menos alimentos de los necesarios. Esto puede favorecer una pérdida de peso que incluya no solo grasa, sino también masa muscular.
Según el artículo, la proteína puede ayudar a preservar la masa muscular y a regular el apetito. Las necesidades de cada persona dependen de factores como su peso corporal, estado de salud y objetivos del tratamiento.
La hidratación también es fundamental, especialmente si se presentan síntomas como diarrea o vómito.
Czerwony recomienda priorizar alimentos nutritivos y limitar aquellos que pueden ser más difíciles de tolerar, como los productos muy grasosos, fritos, muy picantes o con altas cantidades de azúcares añadidos. El alcohol también puede representar un problema para algunas personas.
Bajar de peso no es el único objetivo
La especialista advierte que las expectativas deben ser realistas.
Las personas con diabetes tipo 2, por ejemplo, pueden perder menos peso que quienes no padecen la enfermedad. Sin embargo, una menor reducción en los kilos no significa necesariamente que el tratamiento no esté generando beneficios.
Mejoras en los niveles de glucosa y otros indicadores de salud también forman parte de los resultados que deben evaluarse.
Además, el costo del medicamento, la falta de disponibilidad y los efectos secundarios pueden provocar que algunas personas suspendan el tratamiento.
Por ello, la pérdida de peso debe entenderse como un proceso de largo plazo y no como un resultado inmediato.
El medicamento no sustituye el cambio de hábitos
Uno de los puntos centrales del artículo es que los medicamentos no reemplazan los cambios de estilo de vida.
Para mantener resultados a largo plazo, la autora recomienda una alimentación regular que proporcione suficientes calorías, proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
La actividad física también tiene un papel importante. El artículo señala como referencia entre 150 y 250 minutos semanales de actividad aeróbica, además de dos o tres sesiones de entrenamiento de fuerza para todo el cuerpo.
El entrenamiento de fuerza resulta particularmente importante durante la pérdida de peso porque puede contribuir a preservar la masa muscular.
El riesgo de perder músculo
La reducción del peso corporal no siempre significa que todo lo perdido sea grasa.
Cuando una persona pierde peso rápidamente o disminuye demasiado su consumo de alimentos, también puede perder masa muscular. Por ello, Beth A. Czerwony considera importante identificar a tiempo posibles deficiencias nutricionales y cambios en la composición corporal.
Un dietista-nutricionista puede evaluar el estado nutricional de la persona y diseñar un plan adaptado a su tratamiento.
El objetivo no debe ser únicamente que la báscula marque menos kilos, sino procurar que la pérdida de peso ocurra de la manera más saludable posible.
Un tratamiento que requiere seguimiento
Los medicamentos para la obesidad representan una herramienta importante para muchas personas, pero no son una solución aislada.
Su uso debe considerar posibles efectos secundarios, antecedentes médicos, alimentación, actividad física y necesidades individuales.
Para quienes son candidatos, el tratamiento puede ofrecer beneficios significativos. Pero la recomendación de fondo es clara: bajar de peso de manera saludable no depende de un solo medicamento, sino de un acompañamiento médico y nutricional adecuado y de cambios sostenibles en el tiempo


