Un análisis reciente difundido por la organización ambiental Greenpeace encendió las alertas sobre el uso de envases plásticos en el microondas y el horno, incluso aquellos etiquetados como “aptos para calentar alimentos”.
El informe, titulado “Alerta: Microplásticos en la comida precocinada”, revisó 24 investigaciones científicas y concluyó que la exposición al calor puede provocar que los recipientes liberen partículas microscópicas y compuestos químicos potencialmente dañinos que terminan mezclándose con los alimentos.
Uno de los estudios citados señala que tras cinco minutos en el microondas, una porción de comida puede contener entre 326 mil y 534 mil partículas de microplásticos, una cantidad considerablemente mayor que la detectada al utilizar horno convencional. Además, se identificó que los envases desgastados, rayados o reutilizados tienden a desprender más partículas que los nuevos.
El documento también advierte que en los plásticos pueden encontrarse más de cuatro mil sustancias químicas catalogadas como altamente peligrosas para la salud y el medio ambiente, muchas de las cuales no están plenamente reguladas en empaques de uso alimentario.
Entre los posibles efectos asociados a la exposición prolongada se mencionan enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas, problemas en el desarrollo infantil, afectaciones a la fertilidad y ciertos tipos de cáncer. Los micro y nanoplásticos, por su tamaño diminuto, pueden ingresar al torrente sanguíneo y acumularse en órganos, generando procesos inflamatorios.
En un contexto donde el consumo de alimentos preparados y listos para calentar continúa en aumento, especialistas y organizaciones ambientales sugieren reducir riesgos transfiriendo la comida a recipientes de vidrio o cerámica antes de someterla a altas temperaturas.

