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Día de muertos: México, donde la muerte también se celebra con vida

Una tradición que nació de nuestras raíces, conquistó al mundo y mantiene vivos los recuerdos de quienes se adelantaron en el camino.
Hay una época del año en que México se pinta de naranja, el aroma del copal se mezcla con el de las flores de cempasúchil y las fotografías de quienes ya partieron vuelven a ocupar un lugar especial en los hogares. Las veladoras se encienden, las mesas se llenan de alimentos y las familias preparan sus altares para recibir simbólicamente a sus seres queridos. Es el Día de Muertos, una de las tradiciones más hermosas, representativas y emocionantes de nuestro país.
Pero ¿desde cuándo celebramos esta tradición y por qué se convirtió en una de las expresiones culturales mexicanas más reconocidas en el mundo?
Sus raíces se remontan a las antiguas civilizaciones mesoamericanas, cuyos pueblos tenían una profunda relación con la muerte y rendían homenaje a sus antepasados mediante ceremonias, ofrendas y rituales. Con la llegada de los españoles, durante el siglo XVI, estas prácticas se encontraron con las celebraciones católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, dando forma, a través del tiempo, a la festividad que hoy conocemos.
Las fechas tampoco son casualidad. El 1 de noviembre corresponde al Día de Todos los Santos y, en muchas comunidades mexicanas, se dedica especialmente a recordar a los niños fallecidos, conocidos como los angelitos. El 2 de noviembre es el Día de los Fieles Difuntos, jornada en la que se recuerda particularmente a los adultos que han fallecido.
La tradición señala que durante estas fechas las almas regresan simbólicamente al encuentro de sus familias. Por eso se preparan altares con fotografías, veladoras, agua, sal, papel picado, pan de muerto, frutas, alimentos favoritos de los difuntos y, por supuesto, las inconfundibles flores de cempasúchil, cuyos pétalos parecen señalar el camino de regreso a casa.
Cada elemento tiene un significado y cada región del país aporta su propia manera de celebrar. Desde las ceremonias en los cementerios de Michoacán, las impresionantes ofrendas de Oaxaca y las celebraciones de la Huasteca, hasta los altares familiares que se instalan en miles de hogares, México demuestra que recordar a quienes amamos también es una manera de celebrar la vida.
De las raíces mexicanas a la fama internacional
Con el paso de los años, el Día de Muertos ha dejado de ser una celebración conocida principalmente en nuestras comunidades para convertirse en un acontecimiento de interés internacional. En 2008, la UNESCO incorporó las fiestas indígenas dedicadas a los muertos a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconocimiento que confirmó su enorme valor cultural.
El cine también ha contribuido a proyectar esta tradición más allá de nuestras fronteras. Una de las producciones más recordadas es Spectre (2015), de la saga de James Bond, protagonizada por Daniel Craig, cuyas escenas iniciales mostraron un espectacular desfile de Día de Muertos por las calles de la Ciudad de México. Aquella procesión, que originalmente fue una creación cinematográfica, despertó tal interés que inspiró la realización del desfile capitalino a partir de 2016.
Posteriormente, la película animada Coco (2017), de Disney-Pixar, llevó a millones de espectadores una historia inspirada en las tradiciones mexicanas, el significado de los altares, la memoria familiar y la importancia de no olvidar a nuestros seres queridos. Su impacto internacional contribuyó a que nuevas generaciones de distintos países conocieran y apreciaran esta celebración.
Así, entre películas, documentales, exposiciones, festivales y actividades turísticas, el Día de Muertos ha ido creciendo de menos a más, despertando la curiosidad de visitantes de distintas partes del planeta que llegan a México para conocer de cerca una tradición que difícilmente se encuentra en otro lugar.
Una catrina gigantesca para presumir al mundo
Y como muestra de que esta celebración continúa creciendo, este 2026 la Ciudad de México volvió a sorprender al mundo con una monumental Catrina de 32 metros de altura, instalada en el Zócalo capitalino como parte de la Ofrenda Monumental dedicada al artista José Guadalupe Posada, creador de la emblemática figura.
La gigantesca escultura de cartonería, acompañada por miles de plantas de cempasúchil, tapetes de aserrín y otros elementos artísticos, se convirtió en uno de los grandes atractivos de las festividades de este año y en una extraordinaria muestra del talento, la creatividad y la capacidad artística de los mexicanos.
La Catrina, que nació de la genialidad de Posada y alcanzó una enorme popularidad gracias a su representación de la sociedad mexicana, es hoy uno de los símbolos más reconocibles de nuestra identidad cultural.
Y es que en México la muerte tiene rostro, tiene música, tiene colores y hasta tiene elegancia. Aquí no solamente se le recuerda con tristeza: también se le recibe con flores, con comida, con canciones y con historias que pasan de una generación a otra.
El Día de Muertos es mucho más que una fecha en el calendario. Es memoria, identidad, familia, historia y orgullo. Es una tradición que nos envuelve a todos los mexicanos, que nos une alrededor de nuestros recuerdos y que demuestra que nuestros seres queridos nunca desaparecen por completo mientras sigan viviendo en nuestra memoria.
Por eso debemos sentirnos orgullosos de esta herencia cultural, conservarla y presumirla en todos los rincones del planeta. Porque si hay algo que distingue a México ante el mundo es esa manera tan nuestra de entender la vida y mirar de frente a la muerte.
En México, la muerte no tiene la última palabra: mientras exista un recuerdo, siempre habrá alguien que regrese a casa.
Nota Proporcionada por: 6 Grados Conexión Turística Global
Por Jesús Coronado